Los inicios de la fotografía de guerra

La primeras imágenes de una guerra se toman en 1847 durante el conflicto entre México y Estados Unidos. Posteriormente, Roger Fenton y Carol Popp documentan la vida que llevaban los soldados en los frentes de la guerra de Crimea (1853-1855). La guerra de Secesión fue también un conflicto que explotaron fotógrafos como Mathew Brady, Alexander Gardner o Timothy O’Sullivan, realizando multitud de retratos y también escenas de campos de batalla.

El combate en sí mismo era muy difícil de cubrir porque la enorme y voluminosa cámara de placas requería de grandes exposiciones y de un revelado inmediato en grandes y móviles cuartos oscuros. Por ello las imágenes requerían de un posado en el retrato y en el caso de la guerra, se debía documentar antes o después de la batalla.

Roger-Fenton-Guerra-Crimea
Autor: Roger Fenton

En el estado español algunos autores ya se habían curtido en las guerras de África. De hecho ya en 1859, solo cuatro después de Crimea, el malagueño Enrique Fancio ya toma imágenes de las campañas militares contra los rifeños africanos. En 1909, José Luis Demaría López Campúa (1870-1936) destacó en la Guerra del Rif y sus imágenes tuvieron gran repercusión, haciendo que Nuevo Mundo triplicara su tirada. Su trabajo tuvo gran reconocimiento y fue condecorado con dos cruces rojas al Mérito Militar y con la Gran Cruz de Alfonso XII por su labor periodística, concedida por el rey Alfonso XIII con quien había forjado una buena amistad durante su acompañamiento en los viajes por Andalucía y Europa. Otro fotógrafo que tuvo repercusión en la Guerra de Marruecos fue José María Díaz Casariego (1905-1970), que alcanzó fama con sus imágenes de Abd el-Krim y su campamento. Alfonso Sánchez García (1902-1990) también cubrió la guerra de Marruecos y por ello recibió la Cruz del Mérito Militar. Su hijo Alfonso Sánchez Portela (1902-1990), también fotógrafo, siguiendo cubriendo la guerra del Rif y en 1922 consiguió retratar, junto a su amigo Díaz Casariego, a Mohamed Abd-el-Krim. Posteriormente, tanto Campúa (hijo), como Alfonso (hijo) como Díaz Casariego jugarían importantes papeles en la guerra civil española. Su estancia en Marruecos les permitió conocer personalmente al general Mola, a Sanjurjo y a Franco, hasta el punto que éste último tuvo que indultar personalmente a Pérez Casariego, tras haber sido condenado a muerte por haber dicho que él mismo había bombardeado el pilar de Zaragoza. De hecho, Campúa, Díaz Casariego, como Alfonso y otros reporteros, con sus instantáneas de Tardix, Nador y el Barranco del Lobo, marcaban, de alguna forma, el camino a los fotógrafos europeos que pronto se hallarían ante la carnicería de la Gran Guerra.

Autor: Timothy O’Sullivan
Autor: Timothy O’Sullivan

A pesar de las limitaciones en la toma de imágenes, la Primera Guerra Mundial también fue fotografiada. Autores como Hugelmann, Ernest Brooks o John Warwick Brooke se acercaron a los frentes y mostraron la brutalidad de la guerra de trincheras. Estos fotógrafos oficiales se movieron entre el fango y las alambradas, documentando el combate, así como escenas de soldados en reposo y en el juego. Además, algunos soldados llevaban consigo una Brownie o una Vest Pocket Kodak, cámaras de aficionados, ligeras que habían comenzado a ser comercializadas a principios de siglo. Sin embargo, los fotógrafos independientes que eran mayoría estaban vetados en los frentes,  restando en la retaguardia, generando una gran dificultad para la prensa de la época que no tenía imágenes para ilustrar el conflicto. Mientras el Gobierno francés trató de crear un archivo visual de la guerra tomando millones de imágenes mediante el llamado Service Photographique des Armées, los servicios británicos secretos tratan de recopilar todo tipo de material fotográfico y el mando alemán grababa imágenes para la agencia UFA. La imagen era un elemento clave de información y propaganda de guerra.

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