Lourdes Roca: archivo, imagen e investigación

Lourdes Roca y Ortíz es Doctora en Antropología por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, tiene la Maestría en Historia (línea Divulgación de la historia), por la Universidad Iberoamericana y es licenciada en Ciencias de la Comunicación e investigadora del Instituto Mora y Responsable del Laboratorio Audiovisual de Investigación Social. En este Laboratorio, que fundó en 2002, se ha dedicado a la investigación social con imágenes y a la construcción de propuestas metodológicas para su incorporación como fuentes de investigación. Entre sus publicaciones destacan el documental que formó parte de la tesis doctoral, Km. C-62 Un nómada del riel (2000), los libros Imágenes e investigación social (2005) e Investigación con imágenes. Usos y retos metodológicos (2012) y el sitio en línea Huellas de luz (2012) .

Hoy hablaremos con Lourdes sobre su reciente publicación: Tejedores de imágenes. Propuestas metodológicas de investigación y gestión del patrimonio fotográfico audiovisual (2014), realizado con Felipe Morales, Carlos Hernández y Andrew Green.

En primer lugar, ¿qué es el Laboratorio Audiovisual de Investigación Social del Instituto Mora? ¿cómo surgió dicha iniciativa?
Empieza en los inicios de los 90 ante la necesidad de adaptar las investigaciones de historia oral que hacía el Instituto Mora para hacer documental. Por tanto, se inicia con la voluntad de difundir de forma más amplia los resultados de investigaciones de historia oral que, de forma involuntaria, nos introdujo en una permanente práctica de trabajo con imágenes. Hacia el año 2000, tras una década de riguroso trabajo y de mucha reflexión con las fuentes orales, nos preguntamos  ¿qué pasa con las imágenes? ¿cómo es el trabajo con este tipo de fuentes?. De esta manera, con la pretensión de trabajar, sobre todo metodológicamente, con las  fuentes visuales, se fueron sentando las bases del Laboratorio Audiovisual de Investigación Social. Así, en 2002 se conforma el Laboratorio y ya llevamos casi 13 años en esta línea de investigación social con imágenes. Le añadimos el adjetivo social con toda la intencionalidad ya que creemos que la investigación con imágenes debería ser interdisciplinaria y debería romper necesariamente con las disciplinas. De esta manera, no nos ubicamos solo desde la Historia, ni desde la Antropología, ni desde la Comunicación, ni desde los Estudios Latinoamericanos por mencionar 4 de las disciplinas que confluyen constantemente en nuestro trabajo, porformación y también por la práctica cotidiana.
Tejedores
Entonces, ¿podríamos decir que el libro Tejedores de imágenes es un resultado de todo estos antecedentes?
El libro deriva de todas estas preocupaciones porque cuando iniciamos todas estas reflexiones, hace ya casi 13 años, por un lado empieza a haber mucha práctica investigadora, mucho trabajo de campo, mucho trabajo de archivo con imágenes pero, a la vez, también empieza a haber mucha práctica docente, impartición de talleres, de manejo de equipo audiovisual y va surgiendo todo un corpus teórico y metodológico y ciertas propuestas que, desde luego no queremos que sean “LA” metodología pero son planteamientos de abordaje de la fuente visual y audiovisual. Y esto se da sobre todo porque los propios estudiantes lo demandan y llega un momento que se preocupan por temas que van más allá de la producción, haciendo necesario construir, afrontar y compartir fuentes y metodologías que profundicen. Por eso el título de Tejedores de imágenes, porque la sensación es de ir hilvanando con imágenes desde hace mucho tiempo pero que, a pesar de estar 20 años en esto, la reflexión teórica y metodológica todavía está en ciernes y lo planteamos de una forma totalmente abierta y flexible, con la intención de seguir picando piedra.

László Moholy-Nagy en un artículo del año 1928 en el  que reflexionaba sobre la fotografía afirmó que “los analfabetos del futuro no serán aquellos que ignoren la escritura, sino los que ignoren la fotografía”. ¿Crees que somos analfabetos visuales?
Es tal el bombardeo visual y audiovisual a nuestro alrededor… la convivencia con imágenes técnicas empieza primero con la fotografía pero con el cine y la televisión, con las imágenes en movimiento, se ha ido generando una tendencia a ser muy pasivos ante la pantalla, sobre todo ante la televisión.  Lo que tenemos es, por tanto, un consumo exacerbado frente a una escasa actitud crítica y reflexiva. Además, a esta cotidianidad, hay que añadirle que no nos enseñan a expresarnos visualmente a pesar de que en la práctica lo hacemos diariamente. Y esto no quiere decir que si no nos enseñan el abc no somos capaces de generar imágenes, sino que esto está relacionado con la idea de que se han generado unas industrias tremendas que han puesto en el pedestal al medio, sobre todo el televisivo pero también el cinematográfico y parece que alguien de la calle, común, no pueda acceder a ese tipo de expresiones sino que tan solo puede ser comunicado desde la cúpula y, por tanto, no es accesible al resto de los mortales. Durante mucho tiempo la comunicación ha sido así pero hoy en día tenemos un mundo de pantallas alrededor y cada vez tenemos más posibilidades de llegar a más gente. Esto está transformado las prácticas porque, actualmente, hay quien hace un documental con un móvil y este tipo de medios hace que ese lenguaje baje del pedestal y lo veamos como algo accesible, como que todos somos capaces de expresarnos así. Si trabajamos con niños, por ejemplo, nos damos cuenta de que tenemos capacidades innatas muy fuertes de expresarnos visualmente pero si te las coartan desde los primeros años y no te las cultivan, la práctica cotidiana te convierte en un receptor, en el sentido más pasivo. Sin embargo, últimamente se está utilizando más el término de “usuario” en contraposición al de “consumidores”: cada vez hay más esta reapropiación de medios que parecían exclusivos de una minoría. Así que, en conclusión, la cultura en la que estamos insertos nos ha hecho bastantes analfabetos audiovisuales pero, en realidad, es una paradoja porque no lo somos, es decir, que tenemos todo el potencial para dejar de serlo aunque en la práctica cotidiana esto haya costado mucho y las nuevas tecnologías estén generando transformaciones interesantes.

¿Piensas que la fotografía es una disciplina ninguneada en el ámbito formativo y académico?
Totalmente. Desde sus orígenes ha tenido ese problema intrínseco. Fue largamente discutido su carácter artístico y tuvo que pelear muy fuerte para conseguir entrar en las llamadas bellas artes, siempre muy marcada y condicionada por su vinculación al aparato técnico. Desde el principio fue vilipendiada pero, ya hablando más del ámbito social, creo que no hay una conciencia de que a través de la imagen fija también se trasmiten ideas, contenidos más allá de las miradas y los estilos y se nos olvida adoptar una actitud crítica ante su carácter documental.

En este sentido ¿crees que una imagen habla por sí misma, que una imagen vale más que mil palabras?
No. Por la práctica que hemos venido desarrollando de si algo estamos convencidos es de que la imagen no vale más que mil palabras. Más bien, a la imagen hay que preguntarle. La imagen lo que te hace, en la medida en que te documentas para ello, es suscitarte muchas preguntas y, si sabes abordarla,  puede ser un gran detonador de cuestiones de investigación. Con una sola imagen poca cosa puedes hacer y como cualquier documento hay que contrastarlo con otros documentos y con otras imágenes.

¿Podríamos hablar de objetividad en la fotografía?
Como cualquier documento es objetiva en la medida en que expresa algo que alguien quiso expresar en un momento dado, en un contexto determinado, con una serie de preocupaciones… es objetivo en la medida que es subjetivo, como cualquier otro documento.

¿Cómo se investiga con imágenes? ¿qué puede aportar la imagen que no aporte el texto? ¿qué tiene de particular la investigación a través de lo visual?
Te pongo un ejemplo muy claro: la posibilidad de investigar sobre temas de los que hay pocos documentos escritos. Por ejemplo, sobre mujeres, sobre los niños… hay muchos aspectos de lo social y no hablemos de las clases, que no están consignados. En los documentos oficiales quien escribía lo hacía desde ciertos espacios de poder y la fotografía justo permite explorar otros espacios que son de difícil acceso, temáticas, sujetos, actores sociales a los que no hay forma de llegar de otra manera que no sea a través de las fuentes visuales. Por ejemplo: el papel de las mujeres en la guerra de Rusia. Muchas veces permite examinar sitios a los que no se puede llegar con la documentación tradicional con la que trabaja el investigador.

¿Qué problemáticas se puede topar un investigador que decida basar sus investigaciones en fotografías?
Pues para empezar, en la mayoría de los archivos las fotografías se hallan almacenadas y no están catalogadas de forma individual o compuesta, de manera que es difícil saber que es lo que tiene el archivo ya que, muchas veces y con suerte, únicamente puedes relacionarte con un inventario. Hablando de catalogación básica, es difícil encontrar los contextos de producción de las imágenes que son la base porque sin esto, los estudios de investigación son limitados. Después hay problemas metodológicos de carácter más teórico pero con el primer problema que has de lidiar es con el acceso al documento fotográfico que, como fondo, muchas veces, también se encuentra fragmentado en diferentes archivos, afortunadamente aspecto bastante mitigado gracias a las nuevas tecnologías.

Son críticos con ciertas formas de trabajar en el ámbito de los archivos visuales y hablan de un sistema de información abierto sobre archivos fotográficos y procesos de catalogación más abiertos y flexibles ¿en qué consiste esta propuesta?
Surge de la práctica de haber enfrentado posturas muy cerradas a la hora de trabajar con la fotografía. Archivos en los que, por un lado,  te encuentras ciertas dificultades en el acceso y que además no trabajan en red con otros archivos. Después el hecho de pretender que con el documento fotográfico, tengamos que pagar cantidades desorbitadas de dinero para realizar trabajos de investigación. Hay archivos que se ensañan y entendemos que es un documento delicado pero lo que más cuestionamos es el tema de los derechos, sobre todo con imágenes de más de 100 años o el caso de obras huérfanas derechos de las cuales se apropian instituciones. Esto no puede ser, no puede ser que un alumno que esté realizando una tesis tenga que pagar 20 euros por fotografía porque esto desalienta, desincentiva el trabajo de investigación con imágenes y muchos alumnos las acaban descartando. Con esto hemos sido muy críticos pero también con las necesidades de documentar, catalogar… es un ámbito de muchas caras y el trabajo archivístico tiene muchos frentes y no se puede descuidar ninguno. Es muy complejo, y somos conscientes de que hay un discurso de falta de recursos pero muchas veces es la voluntad política, de cómo se destinan y administran los recursos.

Son también críticos con el concepto de patrimonio y la subjetividad que lo envuelve. ¿No creen que existen ciertos parámetros objetivos en relación a la capacidad de seleccionar y reconocer qué es patrimonio y qué no lo es?
Sí, también hemos sido muy críticos con el tema del patrimonio como algo cerrado, de cotos de poder. Creemos que es necesario debatir este concepto y consultarlo con los actores y las instancias que sea pertinente hacerlo. Eso le daría el grado de “objetividad” necesaria pero más que objetividad hablaría de pertinencia, de rigor, es un asunto metodológico que marca un rumbo. Es necesario sentarse a discutir sobre qué es el patrimonio y sobre conceptos como “recuperar” ya que, desde las instancias políticas y gubernamentales, hay ese discurso de “vamos a recuperar” y muchas veces son los propios actores sociales los que han estado conservando y preservando en la medida de sus posibilidades y sobre todo saben acerca de su contenido.

¿Qué hacemos con los archivos fotográficos invisibles? ¿las fotografías de los grupos desfavorecidos, de los perdedores, de los archivo no controlados por la administración?
Yo creo que primero darnos cuenta de que existen y en segundo, crear mecanismo para que sean preservados, catalogados y sobre todo generar otra actitud hacia ese patrimonio. Por ejemplo, no vamos a generar una actitud de aprecio por el patrimonio fotográfico, de preocupación por saber de él, si andamos con la bandera de que con la fotografía uno se puede hacer rico. Esa fue la primera que surgió en México y todavía existen esos coleccionistas privados que comercian con esas imágenes. El patrimonio se debe preservar, se debe documentar, dar a conocer y poner acceso pero no explotar económicamente.

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